UN TELÉFONO PARA HABLAR CON TU CABALLO

 

 

Prácticamente todo el mundo que monta a caballo ha pensado alguna vez “ojalá pudiera hablar con él para decirle exactamente lo que quiero, parece que no se entera de nada...” Pero lo cierto es que siempre hemos tenido un teléfono con línea directa con nuestro caballo, lamentablemente, no siempre sabemos utilizarlo: es la rienda.

 

Efectivamente, la rienda, en primera instancia, y todas las ayudas con las que indicamos al caballo nuestros deseos, es un perfecto modo de comunicación si sabemos cómo utilizarla. La equitación europea evolucionó hacia una equitación de ocio en la que los ejercicios que hacemos hacer al caballo no tienen ya nada que ver con el uso de trabajo –o de combate- que se le dio en el pasado. Ahora nos preocupa una equitación estética en la que el caballo adopta una postura que para él no es natural, pero que a nosotros nos parece bonita, con su cuello arqueado y su cabeza perpendicular al suelo. A esto le llamamos “reunión” –entre comillas, porque la mayoría de las veces la reunión real no se produce-. Para conseguirlo, nos han enseñado a llevar las riendas tensas –muy tensas en la mayoría de los casos- y nuestras piernas con “impulsión constante”. A menudo, incluso, añadimos a la acción del freno (bocado o filete o ¡ambas cosas a la vez!) la acción de un “cierra bocas” y, desde luego de una muserola, que es esa correa que rodea la parte superior de la boca del caballo. Con toda esta parafernalia hemos dejado descolgado el teléfono y no podemos comunicarnos con nuestro caballo. La línea comunica, está ocupada.

 

Para recuperar la conexión, debemos olvidarnos de todo lo que nos han enseñado. Fuera riendas tensas, fuera impulsión constante. Fuera. ¿Qué hay que hacer entonces?

 

Si colocamos un dedo en la encía del caballo, éste se molesta y hará todo lo posible para que lo saquemos de ahí. Del mismo modo ocurre cuando tiramos de la rienda y actuamos sobre sus encías. El caballo se siente molesto y hará lo necesario para librarse de esta molestia. Esta es nuestra arma secreta: no la tensión sino la ausencia de tensión. Cuando la tensión desaparece le estamos diciendo al caballo “esto que has hecho es justo lo que quería”. Con unas cuantas repeticiones, el caballo ya no tendrá ninguna duda de lo que le estamos pidiendo. Nuestro trabajo ahora, con paciencia, consiste en construir todo el catálogo de ayudas necesario para comunicarnos de forma efectiva con nuestro socio. Vamos a trabajar con un objetivo: utilizar la mínima ayuda imprescindible con el objetivo de que ésta acabe siendo imperceptible. Los caballos son extremadamente sensibles y tienen un tiempo de respuesta increíblemente rápido, tanto, que es imposible ver venir una coz o un mordisco. Este tiempo rápido de respuesta juega a nuestro favor. Además, aprenden muy deprisa, una cualidad que aprovechan en su vida en estado salvaje (si un caballo no aprendiera deprisa, huiría hasta caer muerto o siempre se asustaría por las mismas cosas con lo que su vida sería inviable).

 

Cesión al bocado.

 

Independientemente de lo que queramos hacer luego con él, no podemos decir que un caballo está domado hasta que, a nuestra voluntad, va hacia delante, gira a ambos lados, para de forma efectiva y anda hacia atrás. Para conseguirlo, la cesión al bocado es fundamental. ¿Qué es la cesión al bocado? Lo contrario a la resistencia al bocado. El caballo reacciona rápidamente a la mínima insinuación de la rienda. Para conseguirlo hay dos ejercicios fundamentales: girar su cabeza a ambos lados y bajar la cabeza. El modo de conseguirlo nos dará una pista de cómo alcanzar otros resultados más complejos, la mecánica es la misma.

 

Comencemos por pedirle al caballo que gire su cabeza hasta que su hocico toque casi la punta de nuestra bota. Empecemos, por ejemplo hacia el lado derecho. Para ello, soltamos por completo la rienda izquierda, no queremos que actúe ni moleste en ningún momento. Luego, cogemos corta la rienda derecha y tiramos de ella en dirección a nuestro pecho izquierdo. No hay que tirar como si nuestra vida nos fuera en ello, hay que tirar lo justo, lo mínimo posible, para que nuestro caballo inicie un movimiento con su cabeza. En cuanto veamos el más mínimo movimiento hacia la derecha, con un par de milímetros basta, soltamos inmediatamente la rienda, la dejamos relajada y acariciamos al caballo (acariciamos, no le damos palmadas fuertes en el cuello). Acabamos de decirle al caballo: “eso que has hecho es justo lo que quería”. Probablemente, el no sabe muy bien qué ha pasado aún, así que repetiremos la operación una y otra vez hasta que el caballo sepa de forma clara que lo que le estamos pidiendo es precisamente que gire su cabeza hacia la derecha. Después, sólo tenemos que ir manteniendo al tensión hasta que el movimiento sea mas amplio y acabe tocándonos la punta de la bota, pero con incrementos pequeños y con la seguridad que ha entendido lo que queríamos. Naturalmente, hay que trabajar a los dos lados.

 

¿Qué ocurre si el caballo en lugar de girar la cabeza, empieza a andar hacia la derecha? Eso no es lo que queremos que haga y por tanto la rienda no se relajará hasta que el caballo se detenga. Mientras mantenemos la tensión le estamos diciendo al caballo: “esto que haces no es lo que quiero que hagas”. En cuanto soltamos la rienda le decimos “esto sí es lo que quiero que hagas”.

 

Bajar la cabeza

 

Pedirle al caballo que baje la cabeza y que lo haga es fundamental, no sólo para pedirle una posición más acorde a nuestro gusto estético sino para mantener al caballo relajado cuando éste entre en tensión por culpa del miedo, por ejemplo. Además, como dijimos al principio, cuando montamos buscamos la reunión –una reunión efectiva y de verdad- en la que el caballo arquea su cuello y coloca su cabeza perpendicular al suelo. De la reunión hablamos en otro artículo. Concentrémonos ahora en hacer que el caballo baje la cabeza.

 

Cuando el caballo se asusta, si le tocáis el músculo del cuello veréis que está en tensión, muy duro. Sin embargo, si el caballo baja la cabeza esa tensión desaparece y el músculo se relaja. Por ello, cuando los caballos se asustan o están nerviosos suben la cabeza. Para hacer que baje la cabeza actuaremos del mismo modo que en la cesión al bocado. Aplicaremos tensión, muy poca, suave, pero constante y nos fijaremos en las orejas del caballo. En cuanto veamos que la punta de las orejas baja lo más mínimo, soltaremos las riendas de forma ostensiva relajando así cualquier tensión. De nuevo, la comunicación ha sido clara “has hecho justo lo que quería”. El teléfono está funcionando perfectamente. Felicitamos al caballo y volvemos a comenzar. El caballo bajará cada vez más y más su cabeza y cada vez la tensión necesaria será menor. Cuando dominemos esta técnica con el caballo parado, repitámoslo con el caballo al paso, luego al trote y luego al galope. No necesariamente el mismo día. Hasta que no estéis convencidos de que tenéis un resultado consistente, de que el caballo entiende perfectamente lo que le pedís, no iniciéis el ejercicio a otro aire (los aires del caballo son el paso, el trote y el galope).

 

¿Qué tensión hay que aplicar a la rienda? La mínima imprescindible. Vamos a ir siempre de menos a más. Si el caballo no inicia ningún movimiento al aplicar tensión, aumentaremos ésta un poco más. Si tampoco hay respuesta, volveremos a incrementarla un poquito, hasta que el caballo reaccione en la dirección que buscamos y en ese preciso instante la tensión debe desaparecer. Con práctica y paciencia, cada vez será necesaria menos tensión y la reacción del caballo será más rápida.

 

Xavi Barrera. 

xavi.barrera@countrymadrid.com 

 

 

En esta foto puede verse como el caballo está galopando, con su cuello arqueado y su cabeza perpendicular al suelo y sin embargo las riendas están carentes de tensión. 

 

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Comentarios: 3
  • #1

    Alma (lunes, 13 octubre 2014 00:17)

    Jenial gracias

  • #2

    antonio (lunes, 20 octubre 2014 13:11)

    Hola Xavi, buen trabajo, lo mismo puede hacerse sin usar el hierro en la boca,el hierro une ambas riendas, pero quitando el hierro de la boca utilizamos el inalámbrico y el caballo se sentirá mucho mejor porque el hierro golpea dentro de su boca aunque no se toque...... ¿Que opinas de ésto? ¿ Te gustaría hacerlo, te gustaría probarlo?. Un saludo,
    Antonio y Nuria.

  • #3

    sergio (domingo, 07 diciembre 2014 01:35)

    estoy de acuerdo en muchos puntos pero no en el de llevar las riendas sueltas. Siempre es necesario mantener el contacto con el caballo. En la foto vemos a Alex como se echa hacia adelante para comenzar a hacer correr al caballo con su cuerpo, la tracción empieza de delante por eso lleva las riendas muy sueltas, las patas traseras aún están rectas, típico de la monta western, lo que no entiendo es porque lleva los pies fuera de los estribos, quizás es porque se ha subido al caballo de un salto y comienza a correr.